Carlos Mora V.

Más triste que no tener dignidad, es no apoyar o criticar a quienes la defienden.

Mucho se ha cuestionado en el comportamiento de algunos gerentes el que hay una ausencia significativa de valores, de ética, de integridad, coherencia, sinceridad que se percibe de sus actuaciones, afectando significativamente no solo su imagen sino a la misma empresa en donde labora.

Tal evidencia, ha dejado mucho que decir e invita a considerar seriamente que es lo que representan, alcance, efectos de la dignidad y sinceridad de tal forma que no perjudique el clima organizacional, por ende el comportamiento organizacional de la empresa.

Al presentarse tal evidencia, es necesario considerar en el análisis lo que se entiende por dignidad  en nuestra primera parte,. Al respecto, nos aporta Wikipedia, que Dignidad significa "calidad de digno". Deriva del adjetivo latino dignus,se traduce por "valioso"; es el sentimiento que nos hace sentir valiosos, sin importar nuestra vida material o social.

 La dignidad se basa en el reconocimiento de la persona de ser merecedora de respeto, es decir que todos merecemos respeto sin importar cómo seamos. Al reconocer y tolerar las diferencias de cada persona, para que ésta se sienta digna y libre, se afirma la virtud y la propia dignidad del individuo, fundamentado en el respeto a cualquier otro ser. La dignidad es el resultado del buen equilibrio emocional. A su vez, una persona digna puede sentirse orgullosa de las consecuencias de sus actos y de quienes se han visto afectados por ellos, o culpable, si ha causado daños inmerecidos a otros. La misma dignidad que nos pone por encima de la naturaleza, pues podemos transformarla también en nosotros mismos, contenerla, regularla, nos hace responsables. Un exceso de dignidad puede fomentar el orgullo propio, pudiendo crear la sensación al individuo de tener derechos exclusivos (privilegios).

La dignidad refuerza la personalidad, fomenta la sensación de plenitud y satisfacción.

Es el valor intrínseco y supremo que tiene cada ser humano, independientemente de su situación económica, social y cultural, así como de sus creencias o formas de pensar.

El ser humano posee dignidad por sí mismo, no viene dada por factores o individuos externos, se tiene desde el mismo instante de su nacimiento y es inalienable.

Se hace énfasis además, que a dignidad hace referencia al valor inherente al ser humano en cuanto ser racional, dotado de libertad y poder creador, pues las personas pueden modelar y mejorar sus vidas mediante la toma de decisiones y el ejercicio de su libertad. La dignidad se explica en buena medida por la "autonomía" propia del ser humano pues sólo el que sabe y puede gobernarse a sí mismo, según un principio racional, resulta "señor de sus acciones" y en consecuencia, al menos parcialmente, un sujeto libre; al regular su comportamiento según normas propias, según el significado etimológico de la voz griega 'auto-nomía', ya no es un mero súbdito, ya no está bajo el dictado de otro, sino que es un ciudadano.

José Vidal Bota nos aporta al respecto, que  tengamos presente que la dignidad propia del hombre es un valor singular que fácilmente puede reconocerse. Lo podemos descubrir en nosotros o podemos verlo en los demás. Pero ni podemos otorgarlo ni está en nuestra mano retirárselo a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada, adecuada: reconocerlo y aceptarlo como un valor supremo (actitud de respeto) o bien ignorarlo o rechazarlo.

Este valor singular que es la dignidad humana se nos presenta como una llamada al respeto incondicionado y absoluto. Un respeto que, como se ha dicho, debe extenderse a todos los que lo poseen: a todos los seres humanos. Por eso mismo, aún en el caso de que toda la sociedad decidiera por consenso dejar de respetar la dignidad humana, ésta seguiría siendo una realidad presente en cada ciudadano. Aún cuando algunos fueran relegados a un trato indigno, perseguidos, encerrados en campos de concentración o eliminados, este desprecio no cambiaria en nada su valor inconmensurable en tanto que seres humanos.

 La dignidad es un patrimonio que todos debemos cultivar, cuidar, porque es un derecho propio, demanda, exige respeto, como también identificación de lo que representamos como persona, es tan importante que  es sabido, que la referencia a la dignidad humana es omnipresente en los instrumentos fundacionales del derecho internacional de los derechos humanos nacido luego de concluida la Segunda Guerra Mundial. En tal sentido, se destaca ante todo la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, que invoca en su Preámbulo la "dignidad intrínseca (...) de todos los miembros de la familia humana", para luego afirmar que "todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos"

Lo cierto que la gerencia como persona debe ser un aval de su dignidad no contaminarla, ni deteriorarla, reputándose y respetando a los demás, hacer valer sus derechos, todo aquello que atente contra ella,

 La dignidad  desde luego contempla la sinceridad, el respeto en todo aquello que actuamos, el manifestar siempre la verdad, ser transparente en nuestras acciones, desafortunadamente muchos desconocen el alcance, lo que involucra ser sincero y por supuesto lo que ello genera,

La sinceridad es un valor que siempre debemos cuidar, usar a fin de manifestar confianza, respeto. Nos recuerda sobre ello proyectosalonhogar.com que  para ser sinceros debemos procurar decir siempre la verdad, esto que parece tan sencillo, a veces es lo que más cuesta trabajo. Utilizamos las "mentiras piadosas" en circunstancias que calificamos como de baja importancia, donde no pasa nada: como el decir que estamos avanzados en el trabajo, cuando aún no hemos comenzado, por la suposición de que es fácil y en cualquier momento podemos estar al corriente. Obviamente, una pequeña mentira, llevará a otra más grande y así sucesivamente... hasta que nos sorprenden.

 Un buen gerente debe siempre utilizar la verdad, sinceridad y garantizar con ello el respeto a la dignidad de las personas.

 Es sabido que al inventar defectos o hacerlos más grandes en una persona, ocultamos el enojo o la envidia que tenemos. Con aires de ser "franco" o "sincero", decimos con facilidad los errores que comenten los demás, mostrando lo ineptos o limitados que son.
No todo esta en la palabra, también se puede ver la Sinceridad en nuestras actitudes. Cuando aparentamos lo que no somos, (normalmente es según el propósito que se persiga: trabajo, amistad, negocios, círculo social...), se tiene la tendencia a mostrar una personalidad ficticia: inteligentes, simpáticos, educados, de buenas costumbres... En este momento viene a nuestra mente el viejo refrán que dice: "dime de que presumes... y te diré de que careces"; gran desilusión causa el descubrir a la persona como era en la realidad, alguna vez hemos dicho o escuchado: "no era como yo pensaba", "creí que era diferente", "si fuese sincero, otra cosa sería"...

Se nos recuerda, que al ser sinceros aseguramos la amistad, somos honestos con los demás y con nosotros mismos, convirtiéndonos en personas dignas de confianza por la veracidad que hay en nuestra conducta y nuestras palabras. A medida que pasa el tiempo, esta norma se debe convertir en una forma de vida, una manera de ser confiables en todo lugar y circunstancia.

 Definitivamente la gerencia debe autoevaluarse qué tanto esta identificado con su dignidad, como ha trabajado en ese valor,  cuál es su comportamiento en el tiempo presente, así qué tan sincero es, cómo la maneja, usa en pro del ejercicio adecuado de sus funciones